¡QUÉ DARÍA YO!

Ah, tu boca húmeda
que sabe envolver mis labios
con dulce ternura.
¡Qué daría yo
por esa boca tuya,
mi amor!
Tu lengua juguetona
se pasea por mi nuca
y luego con ansias
palpas con ella, mi aliento,
nuestras bocas se abrazan
en dulce jadeo.
¡Ay hombre mío,
por tus besos yo me muero!

INGRID ZETTERBERG

Dedicado a mi amado Camilo

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EN TU MUNDO

Al fin puedo ver
tu mirada dormida
que me mata el alma.

Al fin puedo acariciar
tu piel, y besar
la tibia concavidad
de tus manos,
donde me ofreces
el agua preciada
para mi sed.

Y me invitas a entrar
en tu mundo
donde habita la calidez
de tu ser.

Tus pasos
cual susurros
en la alfombra se acercan.
Todo huele a ti.
Y me ofreces tus brazos
para mi descanso.

Tú y yo a solas
en este batallar
del amor y el deseo.

Me envuelves en tu manta
mientras en leve murmullo
tu voz gastada
por el viento de los años,
al oído me canta:
¡Piensa en mí!

INGRID ZETTERBERG

Dedicado a mi amado
Camilo Sesto

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PEDACITO DE CIELO

¡Qué dulce beso intenso!
secó mi llanto,
me adormeció la tristeza;
humedeció mi alma
con el ungüento balsámico
de tus caricias.

¡Beso supremo!
comunión de dos que se aman,
tú y yo...
Pedacito de cielo,
hasta el fin de la era;
sin secretos
que nos hieran,
así, en la desnudez
de nuestro encuentro.

Un beso hondo
puede dar vida
cuando ya la muerte
se aferra.

Un beso de luz
puede descoyuntar
a la atrevida oscuridad.
Hoy nuestro beso
en llamas
ardió de ternura y deseo.
Hoy
te hice mi dueño.

INGRID ZETTERBERG

Dedicado a mi amado
Camilo Sesto

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