CUAL MELODÍAS CELESTES

Escogidas
son las palabras del cantor;
como miel que brota
de un cántaro
untaron de dulzor
y lágrimas
a aquellas
que amaron su inspiración.

Palabras que vuelan
con azules alas
y rozan los labios
del sediento.
Palabras que son
migajas de amor
para el espíritu hambriento.

Palabras que se elevan
cual melodías celestes
y que tienen raíces
de sentimiento.
Con ellas ama el compositor,
y alcanza el latir
de muchos corazones;
con ellas protesta
en su dolor.

Ha callado de pronto el poeta,
se ha silenciado su voz.
Aquel que llevaba música
en las palabras,
se ha dormido.

Pero jamás le daremos
las espaldas a Camilo,
pues las que abrazamos su canto,
no lo dejaremos
en la tierra del olvido.

INGRID ZETTERBERG

Dedicado a mi amado 
Camilo Sesto

Derechos reservados
Safe Creative Cta. 1006080193112

¿PORQUÉ?

¿Porqué te amo tanto
vida mía?
¿Porqué se me acaban
los días en lágrimas
desde que te conocí?

Amo tu cuello
que me invita a cobijarme.
Precioso mío,
yo nací para amarte
desde la madrugada aquella
en que llegaste a mí.

Tus ojos azules
son diademas
que me arrastran
al umbral de los sueños;
y ya no me conozco.
Ya sólo soy una
con tu luz.

Tus labios se detienen
en el tiempo
para beber de mi boca
todo mi dolor.
Tus pasos se aproximan
hacia mis noches,
cauteloso protector.

INGRID ZETTERBERG

Dedicado a mi amado
Camilo Sesto

De mi poemario
"Tu alma y la mía"

Derechos reservados
Safe Creative Cta. 1006080193112

POR LA SENDA BORDADA

¿Sabes?
Un día volaremos juntos
hacia prados silenciosos,
sedientos de paz.
Cuidamos entre nuestras manos
el frágil lirio
de nuestra unión;
sus pétalos se desprenden
amarillos y finos
como lágrimas del tiempo.
Somos un anhelo de Dios.

Entre mis brazos te presiento,
tembloroso cual un niño
y sólo mi tristeza entiende
de estos años viejos
que se han ido esparciendo
en nuestro dolor.

Déjame cuidarte
entre mis latidos,
aún nos brota vida a los dos.

Por la senda bordada
de azules hilos
un día vendrás a buscarme.
Callada y serena
sentirás mi alma
que se muere segura en tu amor.

Ven, no tardes,
ya las sombras
del vil crepúsculo
se asoman.
Ya languidece nuestro balcón.

Heridos de un rojo vino
caminaremos hacia la aurora
taciturnos y sangrantes
con sed en nuestras bocas
y pasos vacilantes,
al fin nos recibirá el huerto;
aquel edén de rosas
que nos prometió el Señor.

INGRID ZETTERBERG

Dedicado a mi amado
Camilo Sesto

De mi poemario
"Joyas de mi alma"

Derechos reservados
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