MI ORACIÓN POR CAMILO

Dime que él no está solo,
que lo acunas en tus aguas
y que me espera más allá
del fuego del espíritu.
Dime Dios que tú lo amas,
que posas tu mano santa
sobre su alma quieta,
sobre su silencio amado.

Abrázalo con los brazos míos,
dile que lo amo,
que lo espero febrilmente,
que mi alma canta en solitario
llamándolo entre los ecos;
dile que mi esperanza no se calla,
que se eleva sobre lagos
cristalinos,
que tienen la tibieza de tu regazo.

Arrópalo en tu lumbre infinita,
traspásalo de amores castos.
Escoge para él, tu maná de salvación,
aliméntalo de vida eterna,
que en oración, por él estoy velando.

INGRID ZETTERBERG

(Hablando de Camilo
con mi Señor Jesucristo)

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TU NÍVEA BARBA

Pienso en ti
y el dolor me sobrepasa.
Veo tu pañuelo de seda
atado a tu cuello, hermano.
Y me sacude un intenso fuego.

Tu barba recién crecida
ya luce blanca
con el brillo de los años.

Hermano,
tristeza honda
habita en las miradas
y el azul desvaído
de tus ojos
escudriña largamente
mi cansada alma.

INGRID ZETTERBERG

Dedicado a mi amado 
Camilo Sesto

De mi poemario
"Joyas de mi alma"

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¡PARTIÓ TAN SOLO!

Con su corbata
de brillante raso
y su triste mirada
se quedó en el pasado.
¡Ay cómo me duele
su andar en el ocaso!
y el temblor de sus manos
me conmueve.

El azul prusiano
de su mirar
me va lacerando,
es cual un inmenso mar
de tristeza,
y mientras está hablando
su voz se quiebra.

Ya la muerte cabalgaba
muy cerca;
se ausentó su reir
y en el eco de sus palabras
se mecía mi sufrir.

¡Partió tan solo!
envuelto en el silencio,
sin cantares ni lloros.
Dentro de mí yo lo siento,
me acompaña parsimonioso...

Es de espíritu suave,
su esencia es pura
como el canto de un ave,
y yo lo amo con ternura.

Sus cenizas ya descansan
en la flor del camposanto,
allí donde el viento frío
extendido cual un manto
cubre todo como un río
de dolor y de quebranto.

Su voz profunda e intensa
se me ha quedado en el alma
y es mi dulce recompensa
después de tantas lágrimas.

Y de pronto comprendo
que un amor espiritual
es un gozo eterno
y que ya ningún mal
podrá apagar este fuego.

INGRID ZETTERBERG

De mi poemario
"Joyas de mi alma"

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